Mujer Salvaje · Cuerpo · Tierra · Umbrales

Por eso creé En Tierra de Mujeres

Elena Sofía · La Huesera

Hay conversaciones que no deben ocurrir bajo luces blancas, con el reloj apurándonos y la vida esperando detrás de una puerta. Necesitan tierra, comida, silencio y otras mujeres capaces de quedarse presentes. Por eso creé En Tierra de Mujeres.

Gallinas caminando entre la vegetación de la finca donde se celebra En Tierra de Mujeres
La vida que sostiene el retiro también tiene tierra, alimento y ritmos que no se pueden apurar.

No necesitaba crear otra charla

Durante años he estudiado la psique femenina, la Mujer Salvaje, las sombras y los arquetipos. También he atravesado pérdidas, cambios de identidad y esos periodos en los que una mujer sigue cumpliendo con todo mientras, por dentro, ya dejó de ser quien era.

Comprendí que algunas cosas pueden nombrarse en una conversación, pero necesitan vivirse en el cuerpo para comenzar a moverse. Una mujer puede entender perfectamente su patrón y continuar obedeciéndolo. Puede reconocer que una etapa terminó y seguir organizando la vida alrededor de la identidad que aquella etapa necesitaba.

No quería ofrecer otra charla llena de conceptos que una mujer pudiera anotar y olvidar. Quería crear un lugar donde pudiera detenerse lo suficiente para escuchar qué parte de ella pide ser recogida, cuál necesita descanso y cuál ya está lista para cruzar.

Un retiro para mujeres en Puerto Rico que ocurre en tierra real

En Tierra de Mujeres sucede en una finca en Cidra, Puerto Rico. No escogí la tierra como decoración. La tierra participa en el trabajo.

Mis gallinas, mi oveja, los árboles, la comida y el cuidado diario me han enseñado que ninguna transformación verdadera responde a la prisa. Hay momentos para recoger, alimentar, proteger, podar, dejar reposar y comenzar de nuevo. La psique también conoce esos ritmos, aunque nuestra vida productiva intente ignorarlos.

Por eso la mesa importa. Desayunar y almorzar juntas no es un descanso entre las partes importantes del día. También es parte del retiro: sentarnos, recibir alimento, observar cómo ocupamos espacio y permitir que la conversación encuentre una profundidad que no puede programarse por completo.

La Mujer Salvaje no es una versión más atrevida de ti

A veces se habla de la Mujer Salvaje como si fuera una estética: una mujer más libre, más sensual o menos obediente. Para mí, es algo más profundo. Es la inteligencia instintiva que reconoce cuándo una vida dejó de ser habitable, cuándo una lealtad se convirtió en encierro y cuándo seguir adaptándose exige abandonar demasiado de una misma.

Acercarnos a ella no significa actuar por impulso. Significa recuperar discernimiento. Escuchar lo que el cuerpo ya sabe sin convertir cada emoción en una orden. Distinguir entre el miedo que protege, el miedo heredado y el miedo que aparece cuando estamos frente a una vida más verdadera.

Los mitos y los arquetipos nos ayudan porque muestran formas de la experiencia que existían antes de que tuviéramos palabras para explicarlas. La Huesera recoge lo que parecía perdido. Vasalisa aprende a confiar en su percepción. La mujer foca recuerda la piel que entregó para pertenecer. No usamos estas historias para escapar de la vida cotidiana. Las usamos para verla con mayor precisión.

Cada retiro sostiene un umbral específico

Cada encuentro parte de un mito y de una pregunta distinta. Podemos trabajar con Cantar a los Huesos, la recalibración, el vacío o los umbrales. El tema cambia; la intención permanece: reconocer la identidad que cumplió una función, agradecer lo que sostuvo y dejar de pedirle que dirija la etapa siguiente.

Un umbral puede aparecer después de una pérdida, un cambio profesional, una maternidad, una renuncia o una verdad que ya no puedes desoír. No siempre se presenta como una crisis visible. A veces aparece como cansancio, irritación, desconexión o la sensación persistente de estar viviendo una versión de ti que otros necesitan conservar.

En el retiro no prometemos borrar esa complejidad en un día. Creamos las condiciones para que puedas verla sin las interrupciones habituales, escuchar tu propia respuesta y salir con una relación distinta con el paso que tienes delante.

Por qué es íntimo

El espacio está pensado para ocho a diez mujeres. Esa escala permite que cada una esté presente sin perderse dentro de una multitud y que el grupo pueda convertirse en testigo sin convertirse en espectáculo.

No tienes que llegar con una historia perfectamente explicada. Tampoco necesitas experiencia previa en trabajo de sombra. Sí necesitas disposición para estar presente, respetar la experiencia de las demás y mirar con honestidad lo que está pidiendo tu atención.

Este es un espacio educativo, ritual y espiritual. No sustituye terapia ni atención de salud mental. Es para la mujer que puede sostener su proceso y sabe que necesita salir, por un día, de la velocidad con la que normalmente intenta resolverlo.

La mesa estaba esperando

Durante mucho tiempo me resistí a crear este retiro. Lo que una lleva años sosteniendo en privado no siempre se entrega fácilmente al mundo. Pero llegó un momento en que comprendí que la finca, los estudios, las pérdidas, los mitos y las conversaciones que otras mujeres habían confiado en mí no eran piezas separadas.

Estaban formando una mesa.

En Tierra de Mujeres nace para la mujer que siente que una etapa terminó antes de que su vida exterior lo admita. Para la que no necesita más ruido, sino un lugar suficientemente íntimo para escuchar. Para la que está lista para recoger sus huesos, reconocer su piel y acercarse a la mujer que sabe quién es.

En Tierra de Mujeres se celebra en Cidra, Puerto Rico, para grupos de 8–10 mujeres. Incluye la experiencia ritual del día y comida compartida.

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